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Mercados del mundo

Mercado de Souk Waquif (Catar)

por José Luis Murcia


“El zoco es un enorme bullicio de hombres con carretillas que trasladan mercancías de un lugar para otro y cuya nacionalidad puede establecerse en función del color de sus turbantes”


Souq Waqif es el zoco más atractivo y populoso de la ciudad de Doha, la capital de Catar, un pequeño Estado del Golfo Pérsico que cuenta con una población de 1,7 millones de habitantes, el 85% de los cuales se ubica en esta gran ciudad. Aunque en el país solo viven 300.000 cataríes y el resto de los habitantes forman parte de un extenso conglomerado de lenguas, países, culturas y religiones, Souq Waquif es el centro de atención de buena parte de la población que se concentra allí para sus compras tradicionales, para reunirse a charlas alrededor de cientos de bares y teterías que se ubican en los alrededores o en sus magníficos restaurantes donde la cocina ofrece un ejemplo claro de multiculturalidad.

Ubicado en el centro de la ciudad, Souq Waqif, que en árabe significa la posición en el mercado, fue remodelado en 2006 de una manera fiel a la arquitectura catarí, tanta que conserva el mismo sabor que tenía allá por principios del siglo pasado cuando, por vez primera, abrió sus puertas. Por aquel entonces, las medidas de salubridad e higiene no eran las mismas y en sus puestos, al aire libre muchos de ellos, se ofrecían productos frescos como carne, hortalizas o pescado, además de lana y cabras vivas. Esto ha cambiado radicalmente, máxime si tenemos en cuenta que hablamos de un país situado en el Golfo Pérsico, con una porción más que respetable de desierto, y donde las temperaturas medias máximas oscilan entre los cerca de 60 grados del verano y los no menos de 30-40 grados que se producen en los tres meses que ellos consideran de invierno.

Souq Waqif es un zoco tradicional árabe, pero sus instalaciones actuales ofrecen todo tipo de comodidades y confort. Reproduce toda la tradición de los ancestros cataríes que pusieron en marcha el primitivo zoco, pero ofrece unos puestos atractivos, tanto para los turistas como para los habitantes de Catar, acostumbrados, por la dureza del clima, a ubicarse en lugares frescos y cómodos en un país que ha hecho un vergel de sus suelos áridos. Hoy Doha presenta un paisaje donde el verde de palmeras y plantas adaptadas a la dureza del clima ofrecen un remanso de paz y tranquilidad.

En este ambiente, Souq Waqif se erige como un centro de oferta de prendas de vestir tradicionales, artesanía, joyas, especialmente perlas, perfumes, animales domésticos y también, cómo no, legumbres, frutos secos y especias, un triunvirato que conforma uno de los mayores atractivos para lugareños y turistas, ya que el zoco se convierte en un enorme arco iris de colores, olores y sabores de la cocina tradicional catarí, que luego puede degustarse en los cientos de restaurantes, desde más modestos a más lujosos, pero todos a unos precios considerados módicos por un turista occidental, que lo rodean.

El desfile de las carretillas

Desde primeras horas de la mañana, con un paréntesis en el medio de la tarde para mitigar el calor, el zoco es un enorme bullicio de de hombres con carretillas que trasladan mercancías de un lugar para otro y cuya nacionalidad puede establecerse en función del color de sus turbantes, ya que todos portan la tradicional chilaba árabe. Yemeníes y saudíes, sobre todo, pero también pakistaníes, bangladesíes, indios y sudaneses conforman un interminable ejército de carretillas que parecen moverse, casi sin control, por el interminable laberinto que conforma el zoco de Souq Waquif.

El público también es de lo más variopinto. Abundan, como en casi todos los países árabes, los hombres que son los que más pisan la calle. Pero no faltan mujeres que van con sus clásicas túnicas negras y con el pelo cubierto por el hiyab, además de las que portan burka, una minoría, o el tradicional traje iraní con el que cubren todo el rostro, con excepción de los ojos.

Uno de los mejores espectáculos del bazar catarí son las tiendas de especias. Una de ellas, junto a la entrada principal, ofrece un enorme surtido de productos. Allí conviven las almendras peladas con los cacahuetes, los pistachos iraníes (también en polvo para utilizar como condimento en la cocina) con las castañas, las avellanas y los piñones, y también limones secos, muy utilizados como condimento en la cocina. En el apartado de legumbres, además de garbanzos (ingrediente imprescindible para el hummus) hay también judías secas blancas y pintas, lentejas pardas, rojas y peladas, así como soja, habas y guisantes secos.

La oferta de especias es inmensa. Van desde guindillas pequeñas a pimentón dulce, agridulce y picante, azafrán, canela, cúrcuma, curry, comino, hierbabuena, hinojo seco, albahaca, pimientas rosa, verde, negra y de mil y una tonalidades, amén de un sinfín de productos sin equivalente en occidente como las hojas de zumaque, un arbusto de origen norteamericano, usadas como colorante alimentario amarillo-verdoso o para ayudar en el tintado del cuero. Y junto a ellos, turrones, pan de higo, chocolates y dulces tradicionales.

En esta tienda el trasiego es constante y la petición de productos increíble. Junto a Ibrahim, catarí de toda la vida, conviven otros cuatro dependientes, además del propietario, que se afanan y desvelan por un servicio al cliente que resulta afable y eficaz. El turista sale de allí con la idea de que está inmerso en el meollo de una cultura milenaria que alberga numerosos secretos en los fogones, de una tradición que pasa, sin interrupción, de padres y madres a hijos e hijas y que nos recuerda, en gran medida, las de nuestros orígenes rurales en España. No en vano somos descendientes de una vastísima cultura árabe que influyó en nuestro país de manera directa durante cerca de ocho siglos, pero que perdura hoy día con la elaboración de muchos productos como las berenjenas de Almagro, el turrón o los mazapanes, por poner solo tres ejemplos.

Mieles y dátiles del golfo

Pero el apartado alimentario no se queda solo en esto y, por supuesto, no se circunscribe únicamente a las tradiciones cataríes, ya que es posible encontrar también tiendas dedicadas a la venta de miel procedente de Yemen y de dátiles de todos los tipos, tamaños y formas importados de Arabia Saudí y Omán, pero también cultivados en el propio Catar.

Los animales conforman también una buena parte del espectáculo de Souk Waqif desde que recientemente se añadiera el conocido popularmente como Animal Souq donde conviven pequeñas tortugas y conejos para ser vendidos. Y allí también se ha trasladado la moda de vender pollitos pintados de los colores más estrafalarios como rosa y azul para hacerlos más atractivos a los ojos de los potenciales compradores.

Pero si hay un animal que merece toda la atención de la población catarí ese es el halcón. Todo un símbolo de los países del Golfo Pérsico y muy ligado a la realeza por sus facultades como rapaz adiestrada para la caza. El halcón es un animal carísimo, cuya propiedad se circunscribe a príncipes, emires y gente de la nobleza. En el área Bird Souq del zoco, los halcones permanecen silentes posados sobre sus perchas y con sus capuchones de cuero o ornamentales. Son una de las grandes atracciones de los turistas que saben que compradores y vendedores hablan de varios miles de reales (0,22 euros), la moneda oficial catarí, cuando realizan sus transacciones. Los halcones, que serán adiestrados para cazar conejos y liebres en las inmensas llanuras del desierto catarí, son objeto de curiosidad por parte de los visitantes, tanto extranjeros como del país, y se hacen multitud de fotos junto a ellos. Al lado, se encuentran puestos con accesorios dedicados a los halcones, incluido un GPS que permite seguir sus movimientos en vuelo. Al lado se ubica el Hospital de los Halcones (Falcon Hospital) donde sus propietarios los llevan para ser curados o intervenidos quirúrgicamente cuando lo necesitan.

Pero, aparte de las otras tiendas con bolsos de cuero, joyas, perlas, instrumentos musicales y tambores árabes, la población se congrega en torno a los numerosos cafés que pueblan el zoco para tomar té, café, refrescos, agua o helados, pero también para fumar en la pipa de agua (sisha) tabaco mentolado y especiado. Los restaurantes, donde no se sirve alcohol, igual que en los bares (su consumo se limita a los bares y restaurantes de los hoteles de cinco estrellas), ofrecen una variada cocina internacional en la que destacan los platos de influencia árabe, india o china. Todo en un ambiente tan variado y cosmopolita como el de cualquier capital de occidente, pero con todo el sabor de la tradición.


Noviembre 2012