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Literaturas

Yacimientos literarios

Las tiendas de trastos y ropas en El árbol de la ciencia de Baroja




Pío Baroja nació en San Sebastián en 1872 y murió en Madrid en 1956. Cursó los estudios de Medicina y ejerció como médico rural con cierta indiferencia y escepticismo. Posteriormente regentó una tahona en Madrid y aprovechó para leer con fruición detrás del mostrador. Esto le sirve de forma indeleble para su carrera como escritor de novelas, cuentos y ensayos.

Su prosa se caracteriza por un profundo realismo impregnado de pesimismo. Sus influencias filosóficas más notables son las de Schopenhauer y Nietzsche. Le gusta analizar a los seres marginales con un estilo claro y espontáneo.

Agrupa sus novelas en 9 trilogías y 2 tetralogías, destacando la trilogía de la lucha por la vida de 1904 y la de la raza de 1909 a la que pertenece El árbol de la ciencia. En 1935 ingresa en la Real Academia de la Lengua.

En este yacimiento literario se recogen dos interesantísimos fragmentos El árbol de la ciencia sobre una prendería y una tienda de artículos de confección.

La prendería equivale a nuestras modernas tiendas de artículos usados con un especial sabor y olor añejo y con una denominación en español majestuosamente castiza.ulos de confección. En cuanto a la tienda de confección, hay que resaltar su tamaño relativamente grande y la disponibilidad de trastienda y vivienda. La tienda funciona bien con abundante entrada de clientes, los escaparates juegan un papel importante y el personal está constituido por la vendedora, “que despacha”, y el chico de los recados.






Pio Baroja. El árbol de la ciencia, Caro Raggio Editor, Madrid, 1973. Páginas 249,250, 285 y 286.


Páginas 249 y 250.
“Era la mujer de un prendero llamado el tío Garrota; tenía la cabeza bañada en sangre y había perdido el conocimiento…´´´La tienda era una prendería repleta de trastos viejos que había por todos los rincones y colgaban del techo; las paredes estaban atestadas de fusiles y escopetas antiguas, sables y machetes.”

Páginas 285 y 286
“Cerca de un mes tardó Hurtado en ir a ver a Lulú, y cuando fue se encontró un poco sorprendido al entrar en la tienda. Era una tienda bastante grande, con el escaparate ancho y adornado con ropas de niño, gorritos rizados y camisas llenas de lazos.

 

  - Al fin ha venido usted- le dijo Lulú.

  - No he podido venir antes.  Pero  ¿toda esta tienda es de usted??- preguntó Andrés.

  - Sí.

  - Entonces es usted capitalista; es usted una burguesa infame.

Lulú se rio satisfecha; luego enseñó a Andrés la tienda, la trastienda y la casa. Estaba todo muy bien arreglado y en orden. Lulú tenía una muchacha que despachaba y un chico para los recados. Andrés estuvo sentado un momento. Entraba bastante gente en la tienda.”.