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Literaturas

Yacimientos literarios

El relevo generacional de los tenderos en las Cartas marruecas de Cadalso


Marc Levy es un novelista francés, nacido en 1961.En el año 2000 escribe su primera novela, Ojala fuera cierto, que dedica a su hijo. Desde ese momento, publica doce novelas más, con trazas de escritor que se dirige a públicos amplios con una literatura en la que se combinan elementos realistas y fantásticos. Hay que destacar que algunas de sus novelas han dado lugar a películas basadas en ellas. Concretamente Ojala fuera cierto (2005); Separados por el destino (2009) y Mis amigos, mis amores (2006)

Este conjunto de fragmentos seleccionados de Las cosas que nos dijimos está impregnado de un considerable realismo mágico en el que el papel de los escaparates alcanza una perspectiva cenital. Tiene especial interés, desde el punto de vista comercial, que Levy escriba acerca de una juguetería en la que una inmensa nutria de peluche ejerce un papel magnético sobre los niños y sobre los adultos. La vitrina de un escaparate resulta difícilmente sustituible como elemento favorecedor de la compra impulsiva, muy especialmente en productos de ir de compras como los juguetes .Se puede considerar especialmente jugosa la frase final. Cuatro días en el escaparate y ¡hala! desaparecen en seguida.




Las cosas que no nos dijimos. (2009). Planeta internacional, Barcelona, novena edición, páginas 28 y 29.

“Julia contemplaba fijamente el escaparate de una gran juguetería en la esquina con la calle 58. Reconoció en la vitrina la inmensa nutria de peluche gris azulado… El conductor apenas tuvo tiempo de verla correr hacia la juguetería .Qué más daba el chaparrón al otro lado del escaparate. Tilly parecía sonreírle, contenta con su visita. Julia no pudo evitar hacerle un gesto de saludo; para su sorpresa una niña que estaba junto al peluche le contestó.



¿Sabías que Tilly tiene poderes mágicos? Le dijo a la madre.

-Si necesito una vendedora, señorita, ya se lo indicaré- contestó la mujer lanzándole a la niña una mirada reprobadora.

- No soy una vendedora, soy su madre.

-¿Cómo dice? -preguntó la madre, alzando la voz- ¡Hasta que se demuestre lo contrario su madre soy yo!

- Me refería a Tilly, el peluche que tanto cariño parece haberle tomado a su hija…

El director que había seguido toda la escena, se acercó.

- Su creación está teniendo muchísimo éxito, ya hemos encargado diez ejemplares. Cuatro días en el escaparate y ¡hala! desaparecen en seguida.