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Literaturas

Yacimientos literarios

El relevo generacional de los tenderos en las Cartas marruecas de Cadalso


José Cadalso (1741-1782) es un escritor cosmopolita y viajero que residió en Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y Holanda. Como militar participó en diversas batallas, falleciendo en Gibraltar en 1782 como consecuencia del impacto de una bala. Su obra literaria abarca diversos géneros destacando en la poesía (Ocios de mi juventud es relevante), en el drama (por ejemplo, Sancho García) y en la sátira (destaca Eruditos a la violeta, de 1772).

El fragmento elegido en este yacimiento literario pertenece a la novela epistolar Cartas marruecas, editada en 1789 en forma póstuma. Esta obra literaria se caracteriza por el ”patriotismo reflexivo” con el que Cadalso intenta conservar y valorar lo bueno de España y criticar y erradicar lo malo.

En esta carta, Cadalso expresa perfectamente el problema del relevo generacional. Los hijos no quieren ser comerciantes. Quieren ser algo más. Tampoco los padres quieren que sus hijos sigan su estela profesional.

El amor al oficio y la autoestima son las claves de bóveda que permiten contribuir, utilizando palabras del autor, al ”bien de la república por la industria, comercio o labranza”. Sabio diagnóstico el de Cadalso. Un buen comerciante no tiene porque ser desdeñado en relación con un presentador de televisión, deportista, músico o cualquier profesión de moda.

El fragmento es muy incisivo puesto que plantea, en la sombra, la importancia de las apariencias. Cambiar de actividad para descansar puede ser excusable pero en la realidad sólo se consigue entrar en una espiral de vanidad y poder que lleva “a trabajar más”.




Cartas marruecas. Noches lúgubres. (1997). Cátedra, Madrid. Carta XXIV.

“Uno de los motivos de la decadencia de las artes en España es sin duda la repugnancia que tiene todo hijo a seguir la carrera de su padre. En Londres, por ejemplo, hay una tienda de zapatero que ha ido pasando de padres a hijos por cinco o seis generaciones, aumentándose el caudal de cada posesor sobre el que dejó su padre hasta tener casas de campo y hacienda considerables en las provincias, gobernando estos estados el mismo desde el banquillo en que preside a los mozos de la zapatería de la capital.



Pero en este país cada padre quiere colocar a su hijo más arriba, y si no el hijo tiene buen cuidado de dejar a su padre más abajo; con cuyo método ninguna familia se fija en gremio alguno determinado de los que contribuyen al bien de la república por la industria, comercio o labranza, procurando todos, con increíble anhelo, colocarse por éste o por otro medio en la clase de los nobles menoscabando a la república en lo que producirían si trabajasen. Si se redujese siquiera su ambición de ennoblecerse al deseo de descansar y vivir felices, tendría alguna excusa moral este defecto político, pero suelen trabajar más después de ennoblecer”.